Cine en cartelera:

Misión: Imposible - Protocolo Fantasma (Mission: Impossible - Ghost Protocol)

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“Poesía para el alma” (“Shi”)

Efemérides cinematográfica

Woody Allen

Recomendación en DVD:

“Balada triste de trompeta”

Las grandes películas de todos los tiempos:

“La última película” (“The Last Picture Show”)

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domingo, 24 de junio de 2012

“HISTORIAS CRUZADAS” (“THE HELP”)


Origen: EE. UU. (2011). Dir: Tate Taylor. Guión: Tate Taylor, basado en la novela de Kathryn Stockett. Prod: Michael Barnathan, Chris Columbus y Brunson Green. Fotografía: Stephen Goldblatt. Montaje: Hughes Winborne. Música: Thomas Newman. Escenografía: Rena De Angelo. Diseño de vestuario: Sharen Davis. Protags: Emma Stone, Viola Davis, Bryce Dallas Howard, Octavia Spencer, Jessica Chastain, Sissy Spacek, Mike Vogel, Chris Lowell, Allison Janney, Cicely Tyson, Mary Steenburgen. Duración: 146 minutos. La fotografía siguiente muestra a Bryce Dallas Howard, Sissy Spacek y Octavia Spencer. 
En su segunda incursión cinematográfica, Tate Taylor adaptó una novela de cierto éxito. La trama está ambientada en el estado norteamericano de Mississippi a comienzos de los ’60. El trasfondo dramático descansa en un tema aún difícil de tratar en el cine: el racismo de la sociedad estadounidense (en particular, la del sudeste, más retrógrada al respecto que cualquier otra en ese país). La película posee una duración excesiva, pero no está allí su problemática; la historia está narrada con el suficiente ritmo como para que el extenso metraje no agobie.
La historia naufraga por otras razones. El relato de los abusos perpetrados por la clase media blanca sureña hacia las mucamas negras resulta fallido. Varias cuestiones conducen a ello. Sin caer en la solemnidad, los terribles problemas raciales que han vilipendiado por años –aún no totalmente resueltos– a un sector de la sociedad estadounidense requieren un tratamiento más veraz, menos edulcorado. Como ha ocurrido con otras películas –“Conduciendo a Miss Daisy”, “Un sueño posible”– esta temática es tratada con superficialidad e hipocresía, y se asemeja a un lavado de culpas que intenta realizar la dominante raza blanca del país del norte...
Un guion endeble apela al sentimentalismo excesivo y a la lágrima fácil, más que a la reflexión. Los personajes, particularmente la mayoría de las damas blancas-clase media acomodada están ridículamente estereotipados, pintadas casi grotescamente. Un ejemplo notable es el de Bryce Dallas Howard, que encarna a la súper mala, con ribetes más propios de la Cruella de Vil que aterrorizaba a los dálmatas… Entretanto, los verdaderos responsables de este estado de las cosas –un orden socio-político-económico que basaba la prosperidad de un determinado sector merced a la opresión de otros seres humanos– y sus demonios –la violencia cotidiana, el fascismo imperante en algunos estratos sociales de EE.UU., el Ku Klux Klan, etc.– aparecen absolutamente desdibujados y no analizados.
Algo común en el cine norteamericano: una situación totalmente injusta y avergonzante queda en la responsabilidad individual de los miembros de una sociedad. Pero además, la trama incorpora otros tópicos que caracterizaron a aquella época y a ese lugar: el sometimiento de las mujeres a ciertos condicionamientos, el aborto como práctica condenada y negada, la implacable moralina, etc. Todos ellos alivianados por un tatamiento demasiado ligero. Por sus ostensibles defectos, resulta excesivo que "Historias cruzadas" haya sido candidata al Oscar a la mejor película de 2011.
En una película donde la mayoría de sus intérpretes son mujeres, destacan Viola Davis, Octavia Spencer y Jessica Chastain. Entre la gama de intérpretes secundarios brilla, como siempre, Sissy Spacek, aunque su personaje lleve la estereotipación al extremo (la blanca comprensiva). Emma Stone cumple adecuadamente con su papel, uno de los principales. Bryce Dallas Howard –hija del director Ron Howard– en cambio, sobreactúa durante gran parte del film.


jueves, 12 de enero de 2012

Misión: Imposible - Protocolo Fantasma (Mission: Impossible - Ghost Protocol).

Origen: Estados Unidos (2011). Dirección: Brad Bird. Guión: Josh Appelbaum y André Nemec. Diseño de producción: James D. Bissell. Fotografía: Robert Elswit. Montaje: Paul Hirsch. Protags: Tom Cruise, Jeremy Renner, Paula Patton, Simon Pegg, Michael Nyqvist, Léa Seydoux, Ving Rhames y Tom Wilkinson. Duración: 133 minutos.
Uno espera la llegada de estos llamados tanques cinematográficos, y más aún cuando detrás se encuentra un equipo que respira cine y sabe ofrecer al espectador un producto entretenido que a su vez cuenta con lo último en tecnología digital. Hace tiempo, al enterarme que Brad Bird –director de “Los increíbles”- sería el que lideraría esta cuarta entrega inmediatamente me invadió la curiosidad: ¿podría el señor Bird demostrar su talento en el cine de acción pero esta vez con personas de carne y hueso? Esa pregunta me la respondió este jueves y aquí les traigo la respuesta y, déjenme ser un poco cliché, esta última entrega resultó mejor, imposible.
Esta vez Ethan (Cruise) las tendrá muy difíciles y se quedará sin el apoyo de su central de inteligencia (de ahí el título “Protocolo fantasma”) ya que la misma se ha disuelto como consecuencia de un posible atentado al Kremlin que los coloca como posibles responsables. Pero no estará solo, contará con el apoyo de Jane Carter (Paula Patton), Benji (Simon Pegg) y el recién llegado Brandt (Jeremy Renner). De Rusia a Dubai y de Dubai a India serán los escenarios que recorrerán nuestros protagonistas siguiendo las pistas del único responsable, un tal Cobalt (Michael Nyqvist, el mismo de la saga sueca Millennium) e intentarán detenerlo pero esta vez con más inteligencia que recursos a su disposición.
Si hay algo que deberíamos criticar podría ser la poca inventiva con respecto a la trama; una vez más los malos intentaran romper los estrechos lazos de paz que existen entre Estados Unidos y Rusia con el objeto de iniciar una guerra nuclear. Sin embargo, la mano del director para concebir unos set-pieces admirables y una narrativa eficaz con sus toques de humor característicos que se complementan con una edición a la altura de las circunstancias logran mitigar esta cuestión. La fuga de una prisión rusa, la odisea de escalar un edificio vidriado desde el piso 130 para hackear un servidor, la persecución bajo la tormenta de arena y la escena del estacionamiento son realmente envidiables.
La excelente banda sonora de Lalo Schifrin es además utilizada con gran maestría, el 5/4 es la base rítmica de casi la totalidad del tema, es una base que genera tensión, de manera que se acopla con perfecta armonía a la puesta en escena y a la actuación de Tom Cruise que no deja lugar a dobles de riesgo generando en el espectador un viaje adrenalínico y eufórico. La trama será algo imposible de seguir con coherencia, los diálogos explicativos parecen resultar una excusa para llegar lo antes posible a la siguiente escena de acción que será mejor que la anterior. Solo me queda decir gracias. Esta crítica no se autodestruirá en 5 seg.   

“Poesía para el alma” (“Shi”).

Origen: Corea del Sur (2010). Dir. y guion: Chang-dong Lee. Prod: Jun-dong Lee. Fotografía: Hyun Seok Kim. Montaje: Hyun Kim. Sonido: Seung-cheol Lee. Protags: Jeong-hie Yun, Nae-sang Ahn, Da-wit Lee, Hira Kim, Myong-Sin Park. Duración: 139 minutos. Hablada en coreano, con subtítulos en español.

Hay en este film coreano una protagonista exclusiva: Mi-Ja, una señora mayor (interpretada por Jeong-hie Yun, en una composición impecable). Y tres temas que la desvelan: la participación de su nieto –con quien convive– en una serie de acciones terribles que derivaron en un suicidio, el descubrimiento de que padece mal de Alzheimer y su denodado empeño en escribir poemas (con asistencia a clases de aprendizaje). Esto último justifica el título original y el que se le ha dado en inglés (“Poetry”). Como es costumbre, los distribuidores han preferido emplear aquí uno menos ajustado a lo que la obra desea transmitirnos. De todas maneras, debe agradecerse que “Poesía para el alma” haya accedido al circuito de los cines comerciales en Argentina, convirtiéndose en la primera película de Jun-dong Lee que se estrena por estas tierras.
El profesor de las clases a las que concurre Mi-Ja dice que la poesía es el arte de mirar. También el cine lo es. El director se toma más de dos horas en narrar una película bellamente filmada, pero además, con un vuelo lírico que le permite elevarse por sobre el contexto de dolor y de fatalidad de la historia. El proceso de aprendizaje poético de Mi-Ja consiste, precisamente, en aprender a mirar. Ella se obstina en observar flores, aves, frutos… pero encuentra la belleza e inspiración necesaria en la tragedia de Agnes (la adolescente que se ha suicidado).
Además, y sin estridencias, Chang-dong Lee expone el egoísmo y la hipocresía de la sociedad coreana. Los padres de los chicos involucrados en la serie de vejaciones desean comprar el silencio de la familia de Agnes. Ninguno parece conmoverse por la tragedia y el dolor. Sólo Mi-Ja, a despecho de su progresiva enfermedad degenerativa, es sensible al drama. El mundo de la anciana es duro (un nieto a su cargo que actúa como un autómata, un trabajo de cuidadora de un anciano parapléjico) y se complica con la tragedia y el descubrimiento del mal que la aqueja.
La sensibilidad de Mi-Ja coincide con la sensibilidad del director para contar una historia terrible. Con delicadeza, sencillez y admirable precisión narrativa, Chang-dong Lee conduce adecuadamente la trama y nos entrega una película digna de verse. Amén de la tragedia, del dolor de una vida –la de Mi-Ja– golpeada por hechos crueles y de la deshumanización de una sociedad, el cineasta coreano nos habla del hecho artístico, de sus dificultades inspirativas y de su necesidad de captar adecuada y oiginalmente la esencia de aquello que nos rodea…
    

“Balada triste de trompeta”.

Origen: España-Francia (2010). Dir. y guion: Álex de la Iglesia. Prod: Yousaf Bokhari, Vérane Frédiani, Gerardo Herrero, Adrian Politowski, Franck Ribière, Gilles Waterkeyn. Dirección artística: Eduardo Hidalgo. Montaje: Alejandro Lázaro. Fotografía: Kiko de la Rica Música: Roque Baños. Sonido: Carlos Schmukler. Vestuario: Paco Delgado. Protags: Carlos Areces, Antonio de la Torre, Carolina Bang, Santiago Segura, Manuel Tallafé, Gracia Olayo, Enrique Villén, José Manuel Cervino, Terele Pávez, Fernando Guillén Cuervo, Sancho Gracia, Fofito, Fran Perea. Duración: 105 minutos.

Última obra de la interesante filmografía de Álex de la Iglesia, se estrenó en Rosario en la segunda mitad de 2011… y sólo permaneció una semana en cartelera. Una pena, pues si bien es un film con algunos puntos criticables, significa una elogiable mejoría del director español, respecto de su anterior y totalmente fallido título (“Los crímenes de Oxford”; 2008). Película bizarra, si las hay, “Balada…” despliega, en poco más de 100 minutos, un ritmo vertiginoso, con mucha violencia, personajes y situaciones grotescas, una ímproba historia de amor y un contexto histórico, que salta desde la Guerra Civil española (1937) hasta 1973, con Franco aún en el gobierno.


La trama se desarrolla en un ambiente circense. Bien podría llamarse “Los payasos sanguinarios”, habidas cuentas que tres de estos clásicos personajes del circo protagonizan una serie de acciones terribles, con sangre y crímenes incluidos. Los clowns de “Balada…” no hacen reír al espectador. Dos de ellos –padre e hijo–, cargan con sendas historias trágicas, y el tercero, increíblemente violento aclara en cierto momento que de no ser payaso, sería un asesino. Así las cosas, no hay lugar sino para el disparate, pero en el marco de una trama amarga, maldita, desmadrada y con el estigma de la venganza como móvil de muchas acciones.
A favor de la gestión de de la Iglesia, debe reconocerse su arriesgada actitud de llevar a la pantalla una historia nada convencional y provocativa. Sus desbordes han sido filmados con singular maestría, mediante una fotografía impecable y movimientos de cámara que logran transmitir eficazmente el clímax buscado. Las matanzas, las situaciones de violencia, los rostros desfigurados, la degradación humana… son mostrados a través de imágenes que mixturan lo gore con el barroquismo, pero que no espantan. Más bien atrapan al espectador, quizás por algo que yace detrás del intenso despliegue visual: el lirismo de estas imágenes. Su poesía. La puesta en escena es soberbia.
Pero el trasfondo de historia y crónica social que una y otra vez aparecen en el film, nos permite pensar que Álex de la Iglesia pecó por presuntuoso. La serie de referencias al contexto español durante parte del siglo XX –algunas incorporadas a la trama, otras mostradas en imágenes de archivo– quizás sea excesiva (Guerra Civil, Francisco Franco, la construcción del Valle de los Caídos, la música popular y la TV española durante los ’60 y ’70, Gaby, Fofó y Miliki, la voladura del auto de Luis Carrero Blanco por un atentado de ETA). Incluso el drama de los dos payasos luchando por el amor de una mujer parece recrear metafóricamente la división histórica de España. Lo que es excesivo y queda como una ambiciosa alegoría… fallida. El punto más cuestionable de ese apabullante intento de trascendencia está en el hecho de filmar la escena final en la cruz del Valle de los Caídos, aunque también veamos allí un guiño a Alfred Hitchcock (“Intriga internacional; 1959). Todo ello desmerece, pero no ahoga las virtudes de la película. El gran manejo de la cámara de este director queda manifiesto como pocas veces y su talento visual deslumbra. “Balada triste de trompeta” merece ser vista.   

lunes, 9 de enero de 2012

“La piel que habito”. Origen: España-Francia (2011).

Dir.: Pedro Almodóvar. Guion: Pedro Almodóvar, basado en la novela “Tarántula”, de Thierry Jonquet.. Prod: Agustín Almodóvar y Esther García. Fotografía: José Luis Alcaine. Montaje: José Salcedo. Música: Alberto Iglesias. Protags: Antonio Banderas, Elena Anaya, Marisa Paredes, Eduard Fernández, Jan Cornet, Roberto Álamo, Blanca Suárez. Duración: 117 minutos.

 Décimo octavo largometraje de Almodóvar, “La piel que habito” es uno de sus películas más negras. La trama es tan inusual y con pasajes inverosímiles como en tantos de sus filmes anteriores. Pero el humor –siempre presente en uno u otro momento de las cintas del cineasta manchego–, aquí prácticamente no aparece. Aparecen las tragedias propias del cine de Pedro y con ello el melodrama exacerbado debería estar servido. Y lo está, aunque Almodóvar trata con cierto distanciamiento y algo de frialdad su historia de amor, pese a que, quizás más que nunca en la filmografía del director español, ésta es imposible…
Hay una historia frankestiana en “La piel…”, que remite a la ciencia ficción, aspecto que Almodóvar se preocupa en pulir. Su Dr. Frankestein –de apellido Ledgard, encarnado por Antonio Banderas– es un médico cuya capacidad como científico queda al servicio de su propia enajenación, sus obsesiones, la necesidad de venganza y el deseo. Por supuesto, tratándose una obra de Almodóvar, la construcción de una nueva corporalidad humana da preponderancia a la cuestión sexual (en este caso, a la transexualidad).
Los personajes van destruyéndose unos a otros, casi sin piedad para ninguno de ellos. La pareja principal –a cargo de Banderas y Elena Anaya– lleva a cabo un juego peligroso, una relación enfermiza que conduce a la tragedia. Pues Ledgard se enamora de su conejillo de Indias, al que inicialmente manipuló y sometió por venganza. Esto es, Frankestein se enamora de su creación. Por momentos, uno advierte cierta solemnidad en la historia. Pero la impecable puesta en escena –con bellos encuadres, adecuados flashbacks que hacen retroceder y avanzar a la trama para orientar eficientemente al espectador, y eficaces actuaciones (particularmente, Marisa Paredes)– apuntalan a este buen film.   
Quizás más que en el resto de la filmografía almodovariana, “La piel que habito” ofrece toda una serie de homenajes cinéfilos. Amén de la historia de Frankestein, tantas veces llevada a la pantalla, hay fuertes referencias a “Los ojos sin cara” (Georges Franju; 1960), una película muy singular. También a “El coleccionista” (William Wyler; 1965) y a Vértigo (Alfred Hitchcock; 1958). Todas ellas cintas inquietantes. 

“Quiero matar a mi jefe” (“Horrible bosses”).

Origen: EE.UU. (2011). Dir.: Seth Gordon. Guion: Michael Markowitz, John Francis Daley y Jonathan Goldstein. Prod: Brett Ratner y Jay Stern. Fotografía: David Hennings. Montaje: Peter Teschner. Música: Christopher Lennertz. Protags: Jason Bateman, Charlie Day, Jason Sudeikis, Kevin Spacey, Colin Farrell, Jennifer Aniston, Jamie Foxx, Donal Shuterland, Ioan Gruffud. Duración: 98 minutos. 
Tres amigos (Bateman, Day y Sudeikis) soportan las tropelías de sus respectivos jefes laborales (Spacey, Farrell y Aniston) y toman una decisión extrema. No es raro que los jefes sean difíciles de sobrellevar, pero éstos son execrables. Aún sí, ¿cómo justifica la trama tamaña resolución? Hay una escena clave para ello; otro personaje –desocupado–, se presenta en un bar en donde están los tres protagonistas y se ofrece a masturbarlos a cambio de algún dinero. ¿Un escenario posible para nuestros muchachos? En épocas de crisis económica, cualquier alternativa fuera de lo común –incluyendo al crimen– puede justificar el horror a un futuro de indignidad…
 
Hay allí una crítica social. En esencia, “Quiero matar a mi jefe” es una comedia negra, en el marco de la actual crisis económica. Los malos de la película son seres humanamente horribles –tal cual lo expresa el título original–; contexto en el que destaca la brillante interpretación de Kevin Spacey. Pero las tres víctimas no sólo distan de ser dechados de virtudes, sino que son mostrados como bastante torpes, algo tontos, imprevisibles y con defectos que la historia subraya una y otra vez. Así las cosas, la aventura que encaran está plagada de equívocos e inconvenientes.
La primera parte del film exhibe la maldad y las arbitrariedades del trío de empleadores, en un tono de incorrección política y de sátira a las relaciones de poder. Posteriormente, la historia enfatiza las desventuras y torpezas de los protagonistas. Abundan los gags divertidos, con varias escenas bien resueltas y otras no tanto, pero, en general, la trama funciona bien y entretiene. Como en otras comedias que últimamente ha producido Hollywood, el disparate y los excesos no escasean. Es de destacar una secuencia en donde un GPS parlante se roba el protagonismo.
Dentro de un nivel interpretativo más que aceptable, resalta Charlie Day, quizás el menos conocido en nuestro país de los tres actores principales. Su particular tono de voz, su expresivo rostro y el manejo corporal que despliega permite pensar que estamos frente a un excepcional comediante. Otro aspecto interesante de la película se marca al final, cuando queda claro que es muy poco posible cambiar las reglas de juego laborales. Por lo menos en el seno de la sociedad estadounidense.   

“Vaquero”

Origen: Argentina (2011). Dir.: Juan Minujín. Guion: Facundo Agrelo y Juan Minujín. Prod: Sebastián Poce y Diego Dubcobsky. Fotografía: Lucio Bonelli. Montaje: Pablo Barbieri. Música: Diego Vainer. Dir. de arte: Sebastián Roses. Protags: Juan Minujin, Leonardo Sbaraglia, Daniel Fanego, Pilar Gamboa, Guillermo Arengo. Duración: 87 minutos.
“Vaquero” es el primer largometraje dirigido por Juan Minujín (Buenos Aires, 1975), intérprete de teatro y de cine. Film poco convencional en la actual factura argentina, narra las vicisitudes de Julián Lamar, un actor interpretado por el mismísimo Minujín, que debe pelárselas para trabajar en su profesión. Lamar es un antihéroe, un perdedor, pero es difícil hacer empatía con él, pues es pintado descarnadamente. Su inseguridad y su neurosis son tales que lo llevan a fracasar en los intentos de conducir a buen puerto su trabajo. Incluso, a solucionar su vacío afectivo; cuando tiene oportunidad de entablar una relación con una joven que se interesa por él, aparece lo peor de su personalidad y arruina todo.
Lamar es, por otra parte, el protagonista excluyente de este film. No sólo porque todas las cenas giran a su alrededor, sino, además, porque la visión del particular mundillo en que se desenvuelve es narrada a través de su voz en off, que exterioriza un pensamiento cargado de frustración y de una mirada ácida hacia el entorno. Los monólogos-pensamientos de Lamar son impíos; atacan a sus pares, pero también a sí mismo.
Para reflejar acertadamente la atmósfera de angustia existencial, Minujín recurre a una cámara “nerviosa”, en constante movimiento, con amplio dominio de los primeros planos. Todo ello logra trasladar al espectador una sensación de incomodidad compulsiva. La actuación de Juan Minujín es muy acertada; también destacan Daniel Fanego –en el rol del padre que vive menospreciando y ninguneando al atribulado Lamar– y Pilar Gamboa.
Por momentos, el recurso de la voz en off agobia a raíz de un texto demasiado recargado. Sin embargo, es una película que bien vale la pena verse. La propuesta es interesante, con un clima opresivo notablemente logrado. La construcción del personaje principal es original, particularmente en el buceo interior de una mente atormentada. Mente que cubre todos los espacios del film, pues, en definitiva, el entorno que se nos presenta no sabemos si es el real o apenas el que Lamar percibe…   

“Habemus Papa” (“Habemus Papam”).

Origen: Italia-Francia (2011). Dir.: Nanni Moretti. Guion: Nanni Moretti, Francesco Piccolo y Federica Pontremoli. Prod: Nanni Moretti y Domenico Procacci. Fotografía: Alessandro Pesci. Montaje: Esmeralda Calabria. Música: Franco Piersanti. Protags: Michel Piccoli, Nanni Moretti, Margherita Buy, Jerzy Stuhr, Renato Scarpa. Duración: 104 minutos.
Quizás como en ninguna de sus películas anteriores, Nanni Moretti nos sorprende en el tratamiento del tema que ha querido a narrar. No es otro que el de la inesperada reacción de un cardenal, que acaba de ser elegido Papa. Quizás todos esperábamos un Moretti contestatario, corrosivo y crítico de las intrigas y juegos de poder que, muy probablemente, acompañan a las elecciones papales. Tampoco hay alusión a otros hechos escandalosos que han rodeado al Vaticano; la corrupción financiera, por ejemplo. El director italiano opta aquí por un tono de comedia, con varias escenas cómicas y delirantes.
Pero lo más interesante es que “Habemus Papa” admite más de una lectura. La comedia funciona, particularmente a partir de la naturaleza burda y casi bizarra de algunas situaciones (particularmente las que involucran el accionar colectivo de los cardenales literalmente encerrados en el Vaticano). Aunque conviene destacar un aspecto contrastante: el personaje de Melville que se niega a asumir su condición de papa electo, está construido desde la angustia existencial, la duda paralizante, el miedo escénico… y la comedia ni siquiera lo roza.

Además, varias cuestiones de la trama permiten apreciar que “Habemus Papa” no sólo es un film político, sino, además, subversivo. Lo cual reafirma el pensamiento militante de Moretti y su lucidez. Que casi todos los cardenales deseen no ser electos como papa, que prácticamente jamás los religiosos aludan a Dios –queda claro que el director plantea el conflicto como una cuestión esencialmente humana, casi despojada de cualquier tono místico–, que a partir de la huida del candidato electo el concilio se transforme en un espacio anárquico, etc., son instancias que apuntan contra el dogmatismo y la solemnidad del acontecimiento cumbre del Vaticano.
El inicio de la película muestra imágenes documentales del funeral… de Juan Pablo II. En una escena, Brummel –el menos distendido de los cardenales– se entera que no fue votado por nadie. ¿Nacionalidad de este personaje? Alemana. ¿Alusión a Ratzinger? El portavoz maneja un orden que controla las acciones de todos los que están dentro del pequeño estado. Una referencia a la burocracia. Pero, además, ese portavoz oficial es polaco. La misma nacionalidad del grupo que Karol Wojtyła llevó al Vaticano. Y que operó para la elección de Ratzinger…
    

“El extraño caso de Angélica” (“O estranho caso de Angélica”).

Origen: Portugal-España- Francia-Brasil (2010). Dir. y guion: Manoel de Oliveira. Prod: Jacques Arhex. Fotografía: Sabine Lancelin. Montaje: Valérie Loiseleux. Protags: Ricardo Trêpa, Pilar López de Ayala, Ana Maria Magalhães, Adelaide Teixeira, Filipe Vargas. Duración: 97 minutos.
 
  Por la reacción del público dentro de la única sala en donde se estrenó, dudo que esta película permanezca mucho tiempo en Rosario. Quizás la gente se irrite por la acción minimalista. Vale destacar que fue realizada por Manoel de Oliveira, probablemente el director en actividad más anciano del panorama actual (102 años). Su primera vinculación con el cine (como actor) ocurrió en el período mudo. Aquí rescató un guion escrito hace unos 60 años, que la censura le impidió filmar. Es sorprendente la vitalidad de este hombre centenario y su amor por el séptimo arte.
“El extraño caso de Angélica” es un film atípico en la cartelera actual. Narrada con parsimonia, simpleza y hasta con deliberada elementalidad, la historia se ancla en una anécdota fantástica. Un fotógrafo profesional es convocado para tomar imágenes de una joven recién fallecida y descubre que la misma le sonríe. Claro, sólo él se percata de ello. La mujer muerta se le aparece reiteradamente, a través de escenas con efectos especiales casi rudimentarios, que remiten a los trucos primitivos de Georges Meliès (un homenaje al pionero francés, sin duda). Hay una temporalidad manifiestamente equívoca; la trama se desarrolla en el presente, con referencias a la actual crisis europea y a modos de trabajos agrícolas anticuados para la era de la maquinización. Al mismo tiempo, la costumbre de fotografiar a los muertos y la vestimenta del protagonista –Ricardo Trêpa, actor que es nieto de de Oliveira– son elementos anacrónicos.
En ese marco, aparecen características comunes del cine de Manoel de Oliveira: reiterados planos fijos (en ocasiones, además, profundos), maestría en el encuadre, acción escasa, personajes secundarios que filosofan y debaten con sencillez sobre cuestiones cotidianas, los paisajes del río Duero… Por lo demás, se prescinde de todo desarrollo psicológico de la aparente historia de amor. De Oliveira prefiere jugar con la tenue frontera entre la realidad y la fantasía. Pues, en rigor, más que un amor, el protagonista parece encontrar el ingreso a otra dimensión: la de los muertos.
No acuerdo con que “El extraño caso de Angélica” sea una gran película, mucho menos una obra maestra. Hay ciertos desniveles narrativos que, por momentos, provocan algún desinterés en la historia. El gran director portugués –cuya obra se conoce fragmentariamente en Argentina– ha realizado varios films más notables que éste (“La divina comedia”, “Viaje al principio del mundo”, “Belle toujours”, etc.). Sin embargo, merece verse. Particularmente, el espectador cinéfilo disfrutará del universo cinematográfico de un autor inclasificable, que no cesa de sorprendernos.   

“Medianeras”

Origen: Argentina-España-Alemania (2011). Dir. y guion: Gustavo Taretto. Prod: Natacha Cervi, Hernán Musaluppi, Christoph Friedel, Luis Miñarro y Luis Sartor. Fotografía: Leandro Martínez. Montaje: Pablo Mari y Rosario Suárez. Música: Gabriel Chwojnik. Dirección de arte: Luciana Quartaruolo y Romeo Fasce. Efectos Visuales: Mariano Santilli. Protags: Pilar López de Ayala, Javier Drolas, Carla Peterson, Adrián Navarro, Inés Efrón, Rafael Ferro, Alan Pauls, Jorge Lanata. Duración: 94 minutos. 

El amor en los tiempos informáticos… Buenos Aires, una ciudad de grandes edificios, en donde la gente desconoce a los que residen a escasos metros entre sí. La incomunicación, la soledad, la angustia existencial, las neurosis… aparecen como elementos clave en esta película. Martín y Mariana, los protagonistas, vienen de experiencias amorosas frustradas. Ambos padecen de fobias sociales. Intentan rehacer sus respectivas vidas sentimentales con terceras personas. Pero fracasan en el intento. Una y otra vez se aproximan casualmente en espacios abiertos y cerrados, sin reparar uno en el otro. La arquitectura de la gran urbe parece separarlos…
En medio de tanto distanciamiento personal aparece el universo virtual. Que, entre otras cosas, permite la comunicación entre las gentes. Pero una comunicación muy particular, bastante menguada y desprovista de todo contacto físico. El reemplazo de las relaciones personales por la tecnología, en definitiva. En este contexto, Gustavo Taretto nos cuenta su historia. Que es la versión larga duración de un cortometraje del mismo título y director (2004).
“Medianeras” se constituye en la ópera prima de este director en cuestión de largometrajes. Taretto proviene de la dirección publicitaria. Y ello se advierte en la estética del film. La calidad técnica es considerable, con una buena fotografía y algunos magníficos encuadres. Las imágenes de ciertos detalles de la ciudad son minuciosas, invitan al análisis, lo que es un mérito. Las medianeras, los cables, los avisos publicitarios, las pequeñas aberturas, etc., son poderosos elementos visuales que aportan acertadamente a la narrativa.
Se trata de una comedia dramática con algunos interesantes toques de humor. Las actuaciones de los dos protagonistas esenciales son adecuadas, destacándose la Mariana de Pilar López de Ayala, bella y fotogénica actriz española. Ahora bien, es arriesgado armar un largometraje a partir de la trama de un corto… El relato se debilita al alargar ciertas situaciones y, por momentos, se hace algo tedioso; ciertas escenas bien podrían haberse acortado. En contrapartida, el final –en donde ocurre el esperado encuentro– se precipita demasiado. Los méritos apuntados hacen, sin embargo, que “Medianeras” pueda recomendarse...   

sábado, 7 de enero de 2012

“Mi primera boda”

Origen: Argentina (2011). Dir: Ariel Winograd. Prod: Nathalie Cabiron, Ricardo Freixa y Axel Kuschevatzky. Guion: Patricio Vega. Fotografía: Félix Monti. Montaje: Francisco Freixá. Música: Lucio Godoy y Dario Esquenazi. Dirección de arte: Juan Cavia. Protags: Natalia Oreiro, Daniel Hendler, Imanol Arias, Soledad Silveyra, Pepe Soriano, Martín Piroyansky, Muriel Santa Ana, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich, Gabriela Acher. Duración: 97 minutos.
Comedia de enredos, que retoma un tema transitado por varias películas del género. Algunas de ellas: “El padre de la novia” (Vincente Minelli; 1950), “Una boda” (Robert Altman; 1978), “Cuatro bodas y un funeral” (Mike Newell; 1994), “La boda de Muriel” (P.J. Hogan; 1994), “La boda de mi mejor amigo” (P.J. Hogan; 1997) y “Los rompe bodas” (David Dobkin; 2005). Particularmente en Estados Unidos, las historias de bodas han dado lugar a comedias glamorosas, con importantes estrellas, mucho lujo y ambiente festivo.
También ése es el caso de “Mi primera boda”, que parece ser el film argentino que tira la casa por la ventana en 2011. Winograd, responsable también de la irregular “Cara de queso” (2006), no escatima solvencias actorales y técnicas. A un elenco con varias figuras conocidas se suma una fotografía luminosa y de notable factura en el panorama cinematográfico argentino, impecable locación, buena música y destacado vestuario. La narrativa recurre a variados recursos (relatos frente a la cámara, flashbacks, cámara en movimiento, etc.), que resultan eficaces para el fluir de la historia. Todo suma.
Con todo este cóctel de esmerados detalles, Winograd no parece afrontar demasiados riesgos. El guion es meritorio, partiendo, como en muchas comedias de este tipo, de una situación equívoca que desencadena una serie de enredos. Pero, ya que la anécdota es casi mínima, el desarrollo de la película debe permitir una serie de subtramas que mantengan el interés y la coherencia de la historia. Allí debe aparecer la habilidad del director. ¿Aparece en este caso? En una porción estimable, puede decirse que sí. En general, el ritmo es adecuado, con momentos realmente divertidos.
Sin embargo, algunas de esas tramas secundarias no fluyen demasiado bien. Un ejemplo claro es la subhistoria que llevan adelante el cura y el rabino casamenteros (Marcos Mundstock y Daniel Rabinovich, respectivamente). Las situaciones que protagonizan resultan poco interesantes, lastradas por diálogos elementales y previsibles, cuando podrían haber dado lugar a contrapuntos más agudos y brillantes. La historia se apoya demasiado en la pareja principal. Ello impide que brillen otros intérpretes, incluso aquellos más cercanos a la anécdota central del film, caso de Martín Piroyansky y Muriel Santa Ana.
Eso sí, los dos protagonistas excluyentes –Oreiro y Hendler– cumplen perfectamente sus roles. No solo por desenvolverse adecuadamente en todas las situaciones que les toca llevar adelante, sino porque la química de la pareja funciona a alto vuelo. Se trata de dos excelentes comediantes (aspecto que en Natalia Oreiro suele no ser reconocido). De los secundarios quedan muy bien parados Gabriela Acher y los amigos del novio (Clemente Cancela y Sebastián De Caro).    

“El Planeta de los Simios: (R)Evolución” (“Rise of the Planet of the Apes”)

Origen: EE.UU. (2011). Dir: Rupert Wyatt. Prod: Peter Chernin, Dylan Clark, Rick Jaffa y Amanda Silver. Guion: Rick Jaffa y Amanda Silver. Fotografía: Andrew Lesnie. Montaje: Conrad Buff y Mark Goldblatt. Música: Patrick Doyle. Efectos especiales: Colin Decker. Protags: James Franco, Freida Pinto, John Lithgow, Andy Serkis, Tom Felton, Brian Cox. Duración: 105 minutos.

 
Todo comenzó con “El planeta de los simios” (Franklin J. Schaffner; 1968), basada en la novela homónima de Pierre Boulle. Merced a su éxito de público, siguieron cuatro secuelas –e incluso dos series televisivas con la misma historia– en la década del 70, cualitativamente inferiores a la primera. En 2001, Tim Burton realizó una fallida remake de la original. Y, por si fuera poco, el inglés Rupert Wyatt (con un único largometraje como antecedente) se animó con “Rise of the Planet of the Apes”. Esta película se anunció como una precuela de la zaga. Es decir, narrar el origen del dominio de los simios en nuestro planeta…
La película está bien filmada y logra atrapar al espectador. Los 40 minutos finales poseen un ritmo intenso, con algunas escenas de indudable belleza (como aquella en donde se escuchan ruidos en una calle de San Francisco, caen precipitadamente las hojas de los árboles y comienzan a descender legiones de simios que se abalanzan sobre los humanos…). Particularmente hay que destacar al protagonista excluyente de la historia: César, el chimpancé que recibió por herencia la manipulación genética que realizó el Dr. Rodman (James Franco) y quien con su inteligencia humana es el líder de la rebelión.
El diseño de César y los demás monos –no sólo hay chimpancés, también gorilas y orangutanes– es digital. La factura es impecable. En la piel de César está Andy Serkis, un especialista en eso de aportar la voz y los movimientos de imágenes generadas con computadora. Serkis fue el Gollum de la trilogía “El señor de los anillos” (Peter Jackson; 2001-2003) y el gigantesco gorila de “King Kong” (Peter Jackson; 2005). César se roba la película, con su expresividad, su mirada inteligente y la complejidad de sus acciones.
“El Planeta de los Simios: (R)Evolución” presenta algunos altibajos narrativos. La historia de amor complementaria, clásica en las películas de acción hollywoodenses, está aquí desdibujada –pese a contar con una pareja interesante: James Franco y la bellísima Freida Pinto– y, prácticamente, nada aporta a la trama. Por la mitad del film, el ritmo se hace algo cansino, con tanto intento de dar explicaciones científicas a la cuestión de la evolución simiesca. Además, no deja de sorprender una incoherencia: en una gran metrópolis como San Francisco, la rebelión puebla las calles y el fotogénico Golden Gate con más simios que agentes de seguridad. ¿De dónde salieron tantos monos? De todas maneras, es una obra recomendable, que entretiene e impacta.
    

“Copia certificada” (“Copie conforme”)

Origen: Francia-Italia-Bélgica (2010). Dir y guion: Abbas Kiarostami. Prod: Marin Karmitz. Fotografía: Luca Bigazzi. Montaje: Bahman Kiarostami. Protags: Juliette Binoche, William Shimell, Jean-Claude Carrière, Angelo Barbagallo. Duración: 106 minutos.


Última película de Abbas Kiarostami, “Copia certificada” no fue filmada en Irán, sino en Italia y con un elenco europeo. Lejos de los personajes y de los paisajes polvorientos de su país, el gran director continúa, sin embargo, siendo fiel así mismo. Cierto es que hay más diálogo y que la protagonista femenina (Juliette Binoche) adquiere un rol bastante más significativo que en sus anteriores filmes. Pero la universalidad de la historia y la incorporación del paisaje –rural y urbano– a la trama, marcas indelebles del cine de Kiarostami, también están aquí presentes.
La escena inicial es admirable. Un primer plano minimalista, con una mesa, sillas, micrófonos y un libro. Un hombre avanza desde el lugar del público e inicia la presentación de alguien que va a disertar: un escritor inglés. Éste (interpretado por el cantante lírico William Shimell, en su primera actuación en cine) expone una serie de ideas sobre el tema de su libro (las copias y los originales en el arte). Entre el público está la Binoche, quien parece interesada por la disertación, pero al mismo tiempo se entretiene en una comunicación con su hijo mediante señas y, finalmente, abandona la sala.
Una anécdota así de sencilla y cotidiana inicia la relación entre ambos. Ella lo lleva en auto hacia un pequeño pueblo situado en la Toscana. Conversan sobre la tesis controvertida desarrollada en el libro: en arte no existen diferencias de calidad entre el original y su copia. Él, más intelectual y arrogante, se dedica a rebatir todo lo que ella dice. Ya en el pueblo, la historia da un giro: desde la amabilidad y el trato cuidadoso entre dos personas que acaban de conocerse se pasa a una serie de conflictos y reproches. Hay una ruptura dramática muy bien planteada, pero además, de identidad. Paulatinamente, la relación entre ambos aparece trastocada. Se llega a un momento en donde ya no se sabe si ambos personajes se han puesto a jugar a que son un matrimonio, o si la comedia se dio al inicio, jugando ahora los dos a desconocerse…
Tal disgresión es apasionante y no debería agobiar al espectador. Lo esencial es el juego de encuentros y desencuentros entre los dos personajes protagónicos, el cuestionamiento de la separación entre realidad y ficción y la reflexión sobre la volatilidad de las relaciones humanas y sobre el valor real del arte en la sociedad. Nuevamente comprobamos que el de Kiarostami es un cine intelectual, pero no a partir de una acumulación de frases “profundas” o de diálogos demasiado literarios, sino como noble elemento que nace de la narrativa fílmica. Por supuesto, no escasean aquí los planos de gran belleza, a la vez que sugestivos y poéticos.
Muy probablemente “Copia certificada” no alcance el nivel de perfección de “Detrás de los olivos” –absoluta obra maestra del cineasta iraní–, pero es una gran película, una obra que se eleva notablemente por sobre la medianía de los últimos estrenos. La actuación de Juliette Binoche es formidable. En una lograda escena, un espejo devuelve el bello y expresivo rostro de la actriz, quien, sin palabras, y con el simple acto de pintarse los labios y probarse unos pendientes, refleja impecablemente su agitado mundo interior y el deseo de seducir y ser amada. Por esta caracterización Juliette ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2010.    

¿Diferente de quién?” (Diverso da chi?)

Origen: Italia (2009). Dir: Umberto Riccioni Carteni. Guion: Fabio Bonifacci. Prod: Marco Chimenz. Fotografía: Marcello Montarsi. Montaje: Consuelo Catucci. Música: Massimo Nunzi. Protags: Luca Argentero, Claudia Gerini, Filippo Nigro, Antonio Catania y Francesco Pannofino. 
Es de celebrar que en la Italia actual, donde su primer ministro exhibe un conservadurismo retrógrado y absolutamente hipócrita, se planteen temas como el de "Diverso da chi?". Concretamente, el de la homosexualidad asumida, que en esta película es tratada en un contexto de política partidaria, de elecciones y candidaturas. El tono es de comedia, lo cual en principio, luce como promisorio para un film con tal temática. Este género suele aportar una cuota de desenfado, que a menudo permite elevarse sobre ciertos tratamientos pretenciosos y rígidos de los temas controvertidos.

“¿Diferente de quién?” se inicia como una comedia de enredos, con un desarrollo vertiginoso de la historia hasta arribar al planteo del conflicto. Esta primera parte no es demasiado brillante, por cierto, pues el desarrollo de la trama resulta escasamente innovador y la rapidez de las situaciones no logra ocultar la escasa gracia que provocan enredos, idas y vueltas y diálogos poco chispeantes. La ironía, la crítica a los valores tradicionales que defienden algunos personajes y la discriminación a la comunidad gay quedan debilitados por un tratamiento convencional. 
Pero lo que viene es peor. De un plumazo, el tono cambia al de comedia romántica. Los leves destellos de agudeza y ciertos gags –no muy logrados, insisto– que asomaban al principio prácticamente desaparecen. La acción se centra en el conflicto que se plantea entre los tres personajes principales. Pero ese conflicto resulta poco creíble, narrado en la forma más trillada que se pueda esperar, amén del esfuerzo interpretativo que realizan los actores.
Así, el espectador siente que se le ha escamoteado una historia que podría haber sido mucho más interesante. En definitiva, quedan en evidencia un guion poco inspirado y un manejo endeble de las situaciones. Lo que apuntaba como una propuesta trasgresora no lo es tal. Pues, para colmo, se respira una cierta ambigüedad política que debilita más el tratamiento del tema.  

viernes, 6 de enero de 2012

“Larry Crowne”. Origen: EE.UU. (2011)

Dir: Tom Hanks. Guion: Tom Hanks y Nia Vardalos. Prod: Tom Hanks y Gary Goetzman. Fotografía: Philippe Rousselot. Montaje: Alan Cody. Música: James Newton Howard. Protags: Tom Hanks, Julia Roberts, Cedric the Entertainer, Bryan Cranston, Pam Grier, Rami Malek, Rita Wilson, George Takei, Taraji P. Henson, Gugu Mbatha-Raw. Duración: 98 minutos. 

Esta película –la segunda que dirige Tom Hanks–, ha sido despiadadamente atacada por una parte considerable de la crítica especializada mundial. Es cierto que el comienzo impresiona como una propuesta que parece indagar en la inseguridad laboral actual que rodea al trabajador norteamericano, para luego cambiar hacia un planteo diferente. Uno cree que, presentado el núcleo dramático, se optará por el análisis de la realidad sociopolítica estadounidense. No es así, la historia es desarrollada en torno a su héroe –el del título, interpretado por Hanks–, un individuo que lucha para escapar de la adversidad, con buenas intenciones y nobles armas, despojando prácticamente a la trama de toda crítica al sistema.
“Larry Crowne” es una comedia romántica en la que pueden apuntarse varios defectos. Principalmente, la mirada ingenua y dulzona que rezuma el film es demasiado simplista y también cuestionable. La elección de Hanks por mostrar un personaje que intenta refundar su vida dentro del sistema, con optimismo y exclusivamente desde la superación individual, no hace justicia a la complejidad actual de la crisis que soporta la sociedad norteamericana y el mundo capitalista en general.
Sin embargo, debe reconocerse que la película está narrada con un buen ritmo que se sostiene hasta el final, con simpatía y situaciones generalmente bien resueltas. Evita el cinismo y trata las relaciones humanas con cierta delicadeza. Julia Roberts funciona adecuadamente como Mercedes Tainot, la profesora desencantada, nihilista y algo holgazana. El film se toma todo su tiempo antes de desembocar en el enamoramiento de la Tainot y su cambio de actitud. Además, el romance Larry-Mercedes es mostrado con extrema mesura. Todo ello no puede pensarse como una anomalía, sino que coincide con el tono sobrio que ha elegido Hanks para la narración.
 
Tampoco coincido con cierta generalización acerca de una actuación desganada de Tom Hanks. Su registro es preciso, sin muecas ni exceso de histrionismo. En una amplia galería de personajes secundarios algunos lucen demasiado estereotipados, como el que encarna Wilmer Valderrama (en la piel del líder de los de motoqueros). Pam Grier, quien brillara en “Jackie Brown” (Quentin Tarantino; 1997) es desaprovechada en un papel de poca trascendencia. Hay que destacar, en cambio, al personaje del profesor de Economía, eficientemente interpretado por George Takei. En síntesis, “Larry Crowne” no es una gran película, pero vale la pena que sea vista, por el correcto fluir de la historia, que no aburre en ningún momento, y por su estilo narrativo, que remite al buen cine clásico norteamericano.   

domingo, 14 de agosto de 2011

“Super 8” (2 críticas)

 Origen: EE.UU. (2011). Dir: J.J. Abrams. Guion: J.J. Abrams y Steven Spielberg. Fotografía: Larry Fong. Montaje: Maryann Brandon y Mary Jo Markey. Música: Michael Giacchino. Prod: J.J. Abrams, Bryan Buró y Steven Spielberg. Efectos especiales: Steve Riley. Protags: Kyle Chandler, Elle Fanning, Joel Courtney, Riley Griffiths, Ron Eldard, David Gallagher, Noah Emmerich. Duración: 112 minutos. 
La trama transcurre en un pueblo de Ohio, EE.UU., allá por 1979. Un grupo de seis niños intenta filmar una película de zombies. Una noche de filmación presencian el descarrilamiento de un tren, hecho que queda registrado en la cámara Super 8 que utilizan. Esta anécdota es el disparador de un film de ciencia ficción. El director, J.J. Abrams, realizador de “Misión imposible III” (2006) y de la serie televisiva “Lost”, parece querer homenajear al cine de Steven Spielberg de los ´70 y los ’80. Hay escenas espectaculares, con buenos efectos visuales y sonoros. La historia amaga ser interesante…
Lástima que, a medida que la película avanza, se acumulan demasiados aspectos que desmejoran su calidad. El guion impresiona como algo confuso (no debería serlo; está narrando una historia lineal). La trama dramática luce como demasiado pequeña para despertar interés. Las secuencias con el monstruo en vivo y en directo –segunda mitad del metraje– son francamente decepcionantes. Es que la criatura es decepcionante por mérito propio. No asusta, ni resulta atractiva, ni nada… Para peor, la historia cae en la sensiblería más cursi, con un final espectacular, pero empalagoso y tonto.
Eso sí, lo mejor viene después… ¿Después del final? Sí, mientras pasan los títulos de crédito, se muestran escenas que recuperan lo mejor de este film: la filmación de la película de zombies. Impensadamente para quien esto escribe, esta obra ha sido aclamada por varios críticos como la película del año. Se me antoja que ello es pura sobrevaloración. Que estas historias remitan a la infancia de muchos no implica que pasemos por alto sus falencias. Cierto es que por momentos entretiene, que varias escenas –la del descarrilamiento del tren, por ejemplo– están muy bien filmadas, que hay ciertos guiños cinéfilos (“ET”, “La guerra de los mundos)… pero no va más allá del nivel de aceptable.
En definitiva, película técnicamente bien filmada, con algún momento de bienvenida espectacularidad, pero al mismo tiempo con una trama pueblerina pobremente contada y de exiguo interés –con mensaje moralista incluido–, un suspenso que no funciona, una historia paralela (la filmación de la película de zombies) que se desaprovecha y un monstruo escasamente atractivo. En lugar de cantar vítores por la recreación de un cine bastante tosco y carente de sutilezas, es imposible evitar alguna comparación. Podría remitir a varias películas de temática aparentemente similar, pero con una basta: “The host” (Bong Joon-ho; 2006), aquella obra coreana del mutante que emerge del río Han. Un film mucho más logrado, atrapante desde principio a fin, sin tantos trozos de materiales que vuelan, pero con una acción desbordante, un monstruo que deslumbra cada vez que aparece en escena, una gama de personajes para nada ejemplares y una mirada satírica que recorre toda la obra.
 
‎2DA CRÍTICA (también desfavorable,pero aceptable):
En una industria, un cartel cuyo fin es comunicar los días sin accidentes vuelve a uno apenas comenzado el film, la víctima es la madre de Joe. Unos meses después, al término de las clases, se abocará con su grupo de amigos a filmar en Super 8 una corto noir de zombies que deberá terminarse a tiempo para competir en un festival. En este equipo de filmación preadolescente -compuesto por un gordito entusiasta como director, un “actor” y un especialista en explosivos- se encargará del maquillaje, efectos especiales y construcción de modelos. Para su sorpresa, además se sumará al proyecto una actriz que encarna la ya consagrada Elle Fanning, de la cual se encuentra perdidamente enamorado.
En una estación de tren dónde el equipo se encontraba filmando, ocurrirá lo inesperado, una camioneta interceptará a un tren, ocasionando el descarrilamiento del mismo, lo que no saben es que su contenido pondrá en peligro a todos los habitantes de Ohio. Entre apagones de luz, apariciones monstruosas y desaparición de electrodomésticos se creerá incluso que hasta los rusos son los principales responsables, 1979 era el año. Ahora bien, estos elementos entrelazados con una serie de dramas preadolescentes (el primer amor, las relaciones familiares y la amistad) le darán un ritmo respetable al film qué, claramente remite a aquellas películas de los años ´70 y ´80.
El director canaliza al Spielberg de E.T. y Encuentros cercanos..., pero con un tono más terrorífico que no asusta demasiado y a medida que se avanza en el tratamiento de la trama distinguiremos otros descarrilamiento, el del film mismo. Se opta por una estructura clásica al mismo tiempo que la idea de una película dentro de otra película (lo más original sin dudas) va cobrando protagonismo; el eje no será esa criatura que no nos muestran y, quizá la trama pierda interés por dicho motivo. Tanto mi colega como el que ahora escribe no podemos guardarnos la pregunta: ¿por qué la mayoría de la crítica entroniza esta película? Quizá por ese espíritu que no abunda demasiado en estos días, que apuesta a lo reconocible, mágico y la vez terrenal; o quizás por pura nostalgia, ya que son claramente identificables los homenajes, al igual que el sentimentalismo y las insuficiencias a la hora de innovar el género, cuestión que si lo hace -como bien nombró mi colega- “The Host”, una película hilarantemente perfecta.
De todas maneras podemos reconocer ciertos set-pieces muy bien logrados, con un sonido envolvente que es utilizado perfectamente, buenas actuaciones juveniles y algunas situaciones de suspenso, las cuales se complementan con cierto grado de humor. Es obligatorio permanecer en su butaca una vez terminado el film, ya que se muestra la película de los chicos: The Case. Al menos nos vamos con una sonrisa garantizada.       

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